Tango is a people’s dance /Tango es una danza del pueblo
- Chan Park
- Dec 26, 2025
- 6 min read

Tango Zen Journal — December 26, 2025
"Tango Is a People’s Dance — And That’s What Was Lost"
"Tango es una danza del pueblo — y eso fue lo que se perdió" Leer en Español
A few days after publishing my last journal, I received a message that stayed with me.
It came from Virginia Gavarotti, a tango dancer deeply rooted in Argentine culture—trained in folklore, dance, and music, and recently certified as a Qigong instructor. Her background spans tango, Argentine folk traditions, and embodied practices. More importantly, her reflection resonated with something I have been carrying for many years.
She wrote, simply and clearly:
Tango in Buenos Aires is a folkloric dance.
And then she added what matters most: Folklore means “the knowledge of the people.”
That sentence stopped me.
Because this is the heart of the matter.
Tango is a people’s dance.
Not an academic discipline.
Not a performance product.
Not a collection of forms, steps, or styles.
It is an expression of people’s spirit—how they touch, how they listen, how they wait, how they give themselves to another human being in a shared moment. When tango loses that, it may still look like tango—but something essential is gone.
And this is what I see missing today in many places around the world.
What was lost
What has not been transmitted globally is not technique, vocabulary, or structure. Those are everywhere. What was lost is the folk spirit of tango—the everyday, lived, human quality that exists naturally in Buenos Aires, especially among people who grew up with it.
Why did this happen?
I believe a large part of the responsibility lies with self‑claimed tango masters and teachers from Argentina who traveled the world presenting tango without truly understanding—or embodying—its cultural roots. Many of them did not have deep exposure to tango as a people’s practice. They did not live inside the culture long enough. And as a result, they could not act as true cultural messengers.
Instead of transmitting a living tradition, tango was often reduced to:
forms without context
figures without meaning
connection without intention
The deeper cultural differences—especially around touch, proximity, vulnerability, and intention—were never addressed. In some cultures, people are afraid to touch. Afraid to give themselves. Afraid to be close. Tango exposes this immediately.
And instead of working with these differences consciously, they were often bypassed.
Local teachers and milonga organizers are not exempt
Some might say this is a problem of Argentinian export. But local tango teachers and milonga organizers around the world are not exempt from responsibility.
Many have built careers teaching tango or organizing milongas with no cultural reference, no personal connection to its origin, and no desire to truly understand what tango means as a people’s dance. They have passed on what they received—often diluted, disconnected forms—without questioning it.
In some extreme cases, they’ve exploited people’s desire to dance or learn to dance tango. Teaching it as a product, an identity, or a social trend—sometimes more concerned with issues like inclusivity politics or local group dynamics than with the spirit of the dance itself.
This is how entirely different tango cultures have emerged—ones focused on correctness, equality, or technical aesthetics, but often lacking energy, presence, and emotional connection.
Unfortunately, that’s not the tango I have surrendered to—the one that lives in my body, my heart, and my way of being.
Why I’m addressing this now
I am not accusing anyone.
What I’m expressing here is my personal opinion based on decades of direct experience—dancing and observing in Buenos Aires, and in tango communities around the world.
I’ve been lucky to dance with those who carry the original spirit. I’ve also seen what happens when tango is separated from its roots. What I share here is not theory—it’s lived observation, and a desire to speak plainly about something that matters.
Yes, this is an acknowledgment of a missing link.
Yes, this is an invitation to look again—more honestly, more quietly, more deeply.
What comes next
In the upcoming journals, I’ll reflect on this theme from multiple angles:
– culture,
– transmission,
– learning,
– proximity,
– repetition,
– and what might be possible now.
But for today, I just want to say this:
Tango is a people’s dance.
And that is what was lost.
If what I’ve been sharing through this journal resonates with you, you’re welcome to write to me. Not to comment or debate, but to respond from your own experience.
I’m considering opening a small online dialogue space — quiet and personal — for those who feel called to explore tango beyond form, style, or technique.
Abrazo milonguero,
Chan
Tango es una danza del pueblo — y eso fue lo que se perdió
Unos días después de publicar mi última entrada, recibí un mensaje que se quedó conmigo.
Vino de Virginia Gavarotti, una bailarina de tango profundamente conectada con la cultura argentina—formada en folklore, danza y música, y recientemente certificada como instructora de Qigong. Su trayectoria abarca el tango, las tradiciones populares argentinas y prácticas corporales. Pero más importante aún, su reflexión tocó algo que llevo conmigo desde hace muchos años.
Escribió, simple y claramente:
El tango en Buenos Aires es una danza folklórica.
Y luego agregó lo más importante:
Folklore significa “el conocimiento del pueblo”.
Esa frase me detuvo.
Porque ahí está el centro de la cuestión.
El tango es una danza del pueblo.
No una disciplina académica.
No un producto de espectáculo.
No una colección de formas, secuencias o estilos.
Es una expresión del espíritu del pueblo—cómo se toca, cómo se escucha, cómo se espera, cómo uno se entrega a otro ser humano en un momento compartido. Cuando el tango pierde eso, puede que aún se vea como tango—pero algo esencial ya no está.
Y eso es lo que veo que falta hoy en muchos lugares del mundo.
Lo que se perdió
Lo que no se ha transmitido al mundo no es la técnica, el vocabulario o la estructura. Eso está en todas partes. Lo que se perdió es el espíritu popular del tango—esa cualidad humana, cotidiana y vivida que existe naturalmente en Buenos Aires, especialmente entre quienes crecieron con ella.
¿Por qué pasó esto?
Creo que gran parte de la responsabilidad recae en los supuestos maestros y maestras de tango de Argentina que viajaron por el mundo presentando el tango sin comprender realmente—ni encarnar—sus raíces culturales. Muchos de ellos no vivieron el tango como una práctica del pueblo. No habitaron la cultura el tiempo suficiente. Y por eso, no pudieron actuar como verdaderos transmisores culturales.
En lugar de transmitir una tradición viva, el tango fue reducido muchas veces a:
formas sin contexto
figuras sin sentido
conexión sin intención
Las diferencias culturales más profundas—especialmente sobre el contacto, la cercanía, la vulnerabilidad y la intención—nunca se abordaron. En algunas culturas, la gente tiene miedo de tocar. Miedo de entregarse. Miedo de acercarse. Y el tango lo revela de inmediato.
En vez de trabajar conscientemente con estas diferencias, muchas veces se las evitó.
Los maestros locales y los organizadores de milongas tampoco están exentos.
Algunos podrían decir que este es un problema del tango exportado desde Argentina.
Pero los maestros locales de tango y los organizadores de milongas en todo el mundo tampoco están exentos de responsabilidad.
Muchos han construido carreras enseñando tango u organizando milongas sin una referencia cultural, sin una conexión personal con su origen, y sin un verdadero interés por comprender qué significa el tango como danza del pueblo. Han transmitido lo que recibieron —muchas veces formas diluidas y desconectadas— sin cuestionarlo.
En algunos casos extremos, han explotado el deseo de las personas de bailar o aprender tango. Lo han enseñado como un producto, una identidad o una tendencia social, a veces más preocupados por cuestiones como la corrección política, la inclusión o las dinámicas de grupo locales, que por el espíritu mismo de la danza.
Así es como han surgido culturas de tango completamente distintas: enfocadas en la corrección, la igualdad o la estética técnica, pero que a menudo carecen de energía, presencia y conexión emocional.
Lamentablemente, ese no es el tango al que me he entregado —el que vive en mi cuerpo, en mi corazón y en mi manera de estar.
¿Por qué hablo de esto ahora?
No estoy acusando a nadie.
Lo que comparto aquí es mi opinión personal, basada en décadas de experiencia directa—bailando y observando en Buenos Aires, y en comunidades de tango alrededor del mundo.
Tuve la suerte de bailar con quienes conservan el espíritu original. También vi lo que ocurre cuando el tango se separa de sus raíces. Lo que comparto no es teoría—es una observación vivida, y un deseo de hablar con claridad sobre algo que importa.
Sí, esto es un reconocimiento de un vínculo perdido.
Sí, es una invitación a mirar de nuevo—con más honestidad, más silencio y más profundidad.
Lo que viene
En las próximas entradas, reflexionaré sobre este tema desde distintos ángulos:
– la cultura,
– la transmisión,
– el aprendizaje,
– la cercanía,
– la repetición,
– y lo que hoy podría ser posible.
Pero por hoy, solo quiero decir esto:
El tango es una danza del pueblo.
Y eso fue lo que se perdió.
Abrazo milonguero,
Chan




Comments