top of page

Doing vs Being/ Hacer vs Ser

Tango Zen Journal – February 6, 2026


"Doing vs Being"

"Hacer vs Ser" Leer en Español





Doing vs Being


After I began using the words Functional Tango and Transmitted Tango, I received many messages—some agreed, some disagreed, some were resentful, and some were hopeful. The responses were mixed. And beneath many of them, I sensed something else: a misunderstanding about what I mean by doing versus being.


In the tango world—just like in the world outside tango—what counts is often what is visible. If you can’t see it, it doesn’t exist. And tango has increasingly become a spectator sport: a culture of showing.


Go to YouTube. Search any dancer or any name that comes to mind. It’s about display. It’s about what someone can do. And the word maestro—for many people—has come to mean exactly that: the person who can exhibit the most impressive movements.


To me, much of that is empty.


Because the tango I learned—what I absorbed and integrated over years—does not begin with “what you can do.”


It begins with a different question:


Who are you?


This is where tango meets the Zen path. One of the central questions in Zen is: Who am I? Tango asks the same question—not in words, but through the embrace, the music, and the walk. Through that process, you are transformed.


And when I say “transformation,” I don’t mean learning more information.


I mean: your worldview changes. Your perception changes. Your inner orientation changes.


That is being tango, not doing tango.


Yes—doing more can look fantastic. It can look creative. It can look inventive. It can look “advanced.”


But very often, it remains external expansion: collecting, adding, displaying.


Whereas the inward journey—the rare journey—goes in the opposite direction:


Less showing.

More listening.

Less performing.

More presence.

Less achievement.

More truth.


That is what I call traditional tango. That is what I call being tango.


And here is the tragedy:


So many self-proclaimed maestros—many of them from Buenos Aires—traveled the world and taught tango as technique, as systems, as “how to do this and that.” They used the right words—connection, embrace, musicality—but the transmission of what those words mean was missing.


The result is what we see today:


A global tango culture full of impressive shells, but with less and less inner richness—less heart, less lived culture, less of what tango is meant to carry.


That deeper culture still lives in Buenos Aires. I find it there through my friends—milonguero friends—who carry it as a life, not as a performance.


But outside Buenos Aires, it is increasingly out of reach.


And here is something I posted recently—something I wrote a year ago: “An Elephant in a Milonga.”

A few friends told me it was a fantastic message—that it captured the situation.


My response was simple:


Thank you, but compliments don’t change anything.


What matters is action.


So this is where I want to take the question of doing vs being.


Not as a philosophy.

Not as a debate.

But as a decision.


Because doing tango can continue forever. It can expand endlessly.


But if tango never becomes being—then something essential is lost.



Three Actions That Match Doing vs Being


If we agree that being tango matters, then talk isn’t enough. So here are three actions I propose—simple, practical, and real:


1) Personal action

For one tanda, stop trying to show anything. Enter the music. Let your attention turn inward. Let the embrace become listening.


2) Community action

Protect the culture inside the milonga. No talking while dancing. Respect the ronda. Invite beginners into values, not “tricks.” Build an atmosphere where presence is rewarded—not display.


3) Transmission action

Stop using YouTube as your main reference. Seek real references: dancers who carry something you can’t copy. Stay close long enough that you stop collecting—and begin absorbing.


So these are the actions I propose.


Now I want to ask you:


What would you suggest?

What is your action plan—personally, or as a community—to move tango away from doing and closer to being?


This is where I stand today:


Doing tango can look impressive, but being tango changes lives.


Abrazo milonguero,

Chan



Hacer vs Ser


Después de empezar a usar las palabras Tango Funcional y Tango Transmitido, recibí muchos mensajes: algunos estaban de acuerdo, otros no; algunos fueron resentidos, otros esperanzados. Las reacciones fueron mezcladas. Y debajo de muchas de ellas, sentí otra cosa: un malentendido sobre lo que quiero decir con hacer versus ser.


En el mundo del tango —igual que en el mundo fuera del tango— muchas veces lo que cuenta es lo visible. Si no se ve, parece que no existe. Y el tango se ha vuelto cada vez más un deporte para espectadores: una cultura de mostrar.


Andá a YouTube. Buscá cualquier bailarín o cualquier nombre que se te ocurra. Es puro despliegue. Es “mirá lo que puedo hacer”. Y la palabra maestro, para mucha gente, ya significa eso: la persona que puede exhibir los movimientos más impresionantes.


Para mí, gran parte de eso está vacío.


Porque el tango que yo aprendí —lo que absorbí e integré con los años— no empieza con “lo que sabés hacer”.


Empieza con otra pregunta:


¿Quién sos?


Acá es donde el tango se cruza con el camino del Zen. Una de las preguntas centrales del Zen es: ¿Quién soy yo? El tango hace la misma pregunta —no con palabras, sino a través del abrazo, la música y la caminata. Con ese proceso, uno se transforma.


Y cuando digo “transformación”, no hablo de aprender más información.


Hablo de esto: cambia tu manera de mirar el mundo. Cambia tu percepción. Cambia tu orientación interior.


Eso es ser tango, no hacer tango.


Sí: hacer más puede verse fantástico. Puede verse creativo. Puede verse “avanzado”.


Pero muchas veces sigue siendo una expansión hacia afuera: coleccionar, sumar, mostrar.


En cambio, el viaje hacia adentro —el viaje raro— va en la dirección opuesta:


Menos mostrar.

Más escuchar.

Menos actuar para afuera.

Más presencia.

Menos “logro”.

Más verdad.


Eso es lo que yo llamo tango tradicional. Eso es lo que yo llamo ser tango.


Y acá está la tragedia:


Muchos “maestros” autoproclamados —muchos de ellos de Buenos Aires— viajaron por el mundo y enseñaron tango como técnica, como sistemas, como “cómo hacer esto y aquello”. Usaron las palabras correctas —conexión, abrazo, musicalidad— pero faltó la transmisión de lo que esas palabras realmente significan.


El resultado es lo que vemos hoy:


Una cultura global del tango llena de “cosas impresionantes”, pero con cada vez menos riqueza interior —menos corazón, menos cultura viva, menos de lo que el tango debería transmitir.


Esa cultura más profunda todavía vive en Buenos Aires. Yo la encuentro ahí, a través de mis amigos —amigos milongueros— que la llevan como una vida, no como una performance.


Pero fuera de Buenos Aires, cada vez está más lejos.


Y esto se conecta con algo que volví a publicar hace poco, algo que escribí hace un año: “Un elefante en una milonga.”

Algunos amigos me dijeron que era un mensaje brillante, que representaba bien la situación.


Mi respuesta fue simple:


Gracias, pero los elogios no cambian nada.


Lo que importa es la acción.


Entonces, acá es donde quiero llevar la pregunta de hacer vs ser.


No como filosofía.

No como debate.

Sino como decisión.


Porque hacer tango puede seguir para siempre. Puede expandirse sin límite.


Pero si el tango nunca se convierte en ser, entonces se pierde algo esencial.



Tres acciones que van con Hacer vs Ser


Si estamos de acuerdo en que ser tango importa, entonces hablar no alcanza. Por eso, acá van tres acciones que propongo —simples, prácticas y reales:


1) Acción personal

Durante una tanda, dejá de intentar mostrar algo. Entrá en la música. Llevá tu atención hacia adentro. Que el abrazo sea escucha.


2) Acción comunitaria

Cuidá la cultura dentro de la milonga. No hablar mientras se baila. Respetar la ronda. Invitar a los principiantes a los valores, no a los “trucos”. Crear un ambiente donde se premie la presencia, no el despliegue.


3) Acción de transmisión

Dejá de usar YouTube como tu referencia principal. Buscá referencias reales: bailarines que llevan algo que no se puede copiar. Quedate cerca el tiempo suficiente como para dejar de coleccionar… y empezar a absorber.


Estas son las acciones que propongo.


Ahora quiero preguntarte:


¿Qué propondrías vos?

¿Cuál es tu plan de acción —personal, o como comunidad— para mover el tango de hacer hacia ser?


Acá es donde estoy hoy:


Hacer tango puede verse impresionante, pero ser tango cambia vidas.


Abrazo milonguero,

Chan


Comments


bottom of page