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"Unveiling the Milonguero Mystery" 05/08/2025


Tango Zen Journal – May 8th, 2025


"Unveiling the Milonguero Mystery"

"Revelando el misterio del milonguero"


What makes the dance of the milongueros so compelling? Some call them mystical. Others dismiss them—“they’re just hugging, walking, shuffling.” And yet, those who have danced with them remember something unforgettable: a warmth, a presence, a vibration that cannot be explained in words or movement.


I’ve spent years wondering about this—trying to make sense of what gets transmitted in the embrace, what is felt, what is experienced, not taught. I’ve practiced energy work, refined chakra-based exercises, and incorporated this understanding into my own way of dancing and sharing. But still, something remained elusive—until now.


While collaborating on the documentary Tango Zen: Returning to Tradition, directed by Juan Cruz Varela, we came across an interview with Ricardo Vidort. In it, he spoke of dancing from the solar plexus—the third chakra. It struck something in me. That center, just above the navel, is where personal power, emotion, and vitality converge. Could this be the source of what the milongueros transmitted?


For the past year, I’ve focused my practice on this center. Slowly, something shifted. And during this trip to Buenos Aires, it opened.

When I danced with partners with more than 30 years of experience—including Myriam Pincen, who was also Ricardo’s dance partner—it all came together. In fact, I first danced with her back in 2010, but at that time, I didn’t feel anything unusual. This time, with my new awareness and intention focused on the solar plexus, something different happened. We danced again last Thursday, and the energy between us was undeniable. A warmth, a deep, wordless resonance.

When I wrote to her afterward to share my realization, she responded with three words: energía, entrega y conexión—energy, surrender, and connection. That’s exactly it. Not technique. Not style. But a surrender to what arises when two people open at that energetic center.


In her interview for Tango Your Life, which I directed between 2009 and 2012, I asked her this question:

“People say milongueros transmit something while dancing. Do you believe they transmit something when they dance?”

She described her experience this way:

“Yes, yes, yes. It is a very warm energy that transmits so much feeling, so much passion…

I feel that vibration in the body, through the embrace.

…Their walk characterizes the milonguero.

…They may dance more technically, more elegantly,

but they don’t have that current passing through their bodies that connects them to the ground.

That is precisely what is transmitted.”


That current—what she called la corriente—now feels real to me. When I dance with this awareness, it flows between us. And it’s not imagined. Both partners feel it. We start to warm, literally. Sometimes we even ask, “Is the room hot?” But it’s not the room. It’s the shared resonance that builds between us—breath by breath, step by step.


This is what I’ve spent years preparing for through my energy work. Now, I understand what I’ve been pointing toward. This understanding is now a living part of my Tango Zen workshops. It’s how I lead those who come to experience the essence of tango—not just in theory, but in their own bodies, through shared presence.


This is the essence of my work in Tango Zen. I’ve spent years developing the energy practices I now include in the workshop. And this is how I guide those who come seeking the real tango—to discover it in themselves, through energy, surrender, and connection.


I cannot wait to explore more of this kind of dance in Buenos Aires.



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¿Qué hace que el baile de los milongueros sea tan cautivador? Algunos los llaman místicos. Otros los descartan: “solo se abrazan, caminan, se deslizan”. Y sin embargo, quienes han bailado con ellos recuerdan algo inolvidable: una calidez, una presencia, una vibración que no se puede explicar con palabras o movimientos.


He pasado años preguntándome esto. Tratando de entender qué se transmite en el abrazo, lo que se siente, lo que se experimenta, no lo que se enseña. He practicado trabajo energético, refinado ejercicios basados en los chakras, e incorporado esta comprensión en mi forma de bailar y compartir. Pero algo seguía siendo esquivo... hasta ahora.


Mientras colaboraba en el documental Tango Zen: Volviendo a la Tradición, dirigido por Juan Cruz Varela, encontramos una entrevista con Ricardo Vidort. En ella, hablaba de bailar desde el plexo solar: el tercer chakra. Eso me tocó profundamente. Ese centro, justo arriba del ombligo, donde convergen la energía vital, la emoción y el poder personal. ¿Podría ser esta la fuente de lo que transmiten los milongueros?


Durante el último año, enfoqué mi práctica en ese centro. Lentamente, algo comenzó a cambiar. Y en este viaje a Buenos Aires, se abrió.

Cuando bailé con parejas con más de 30 años de experiencia —incluida Myriam Pincen, quien también fue pareja de baile de Ricardo— todo cobró sentido. De hecho, bailé con ella por primera vez en 2010, pero en ese momento no sentí nada fuera de lo común. Esta vez, con mi nueva consciencia e intención enfocada en el plexo solar, ocurrió algo diferente. Volvimos a bailar el jueves pasado, y la energía entre nosotros fue innegable. Un calor, una resonancia profunda y sin palabras.


Cuando le escribí después para compartir mi realización, respondió con tres palabras: energía, entrega y conexión. Eso es exactamente. No técnica. No estilo. Sino una entrega a lo que surge cuando dos personas se abren desde ese centro energético.

En su entrevista para Tango Your Life, que dirigí entre 2009 y 2012, le hice esta pregunta: "Dicen que los milongueros transmiten algo cuando bailan. ¿Creés que transmiten algo al bailar?" Ella describió su experiencia así:

"Sí, sí, sí. Es una energía muy cálida que transmite tanto sentimiento, tanta pasión…

Siento esa vibración en el cuerpo, a través del abrazo.

…Su caminar caracteriza al milonguero.

…Puede que otros bailen más técnicamente, más elegantemente,

pero no tienen esa corriente que pasa por sus cuerpos y los conecta con la tierra.

Eso es precisamente lo que se transmite."


Esa corriente —la corriente, como ella la llamó— ahora se me hace real. Cuando bailo con esta conciencia, fluye entre nosotros. Y no es imaginación. Ambos la sentimos. Empezamos a calentarnos, literalmente. A veces nos preguntamos: "¿Hace calor en la sala?" Pero no es el ambiente. Es la resonancia compartida que se construye entre nosotros —respiro a respiro, paso a paso.


Esto es para lo que me he estado preparando durante años con el trabajo energético. Ahora entiendo lo que venía señalando. Esta comprensión es ahora parte viva de mis talleres de Tango Zen. Es cómo guío a quienes vienen a experimentar la esencia del tango, no solo en teoría, sino en sus propios cuerpos, a través de la presencia compartida.


Por eso sigo desarrollando Tango Zen, no solo para preservar algo tradicional, sino para ofrecer algo atemporal. No veo la hora de explorar más este tipo de danza en Buenos Aires.



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